Test de esto o lo otro
Dieciocho preguntas, dos opciones cada vez, sin término medio: elija la que más se acerque a lo que realmente haría. Al final verá su combinación entre ocho resultados posibles. Dura unos 3 minutos.
El apostador de rutas nuevas. Tiende hacia probar lo nuevo y decidir por su cuenta cuando algo cambia, hacia el resultado que le favorece cuando los intereses chocan, y hacia la opción incierta con mayor recompensa posible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo que nunca ha probado, y decide por cuenta propia antes que seguir el plan de otra persona. Cuando los intereses chocan, el resultado que le favorece a usted pesa más que repartirlo parejo. Y cuando nada está garantizado, prefiere la apuesta con más en juego a la opción segura.
Nada de esto es un extremo fijo: la posición real suele quedar a medio camino de alguna de las tres tendencias, y eso es lo normal, no una señal de confusión. En el día a día puede verse en decisiones pequeñas — probar un camino nuevo sin pedir permiso, quedarse con la mejor parte de un trato.
Lo que sostiene esta combinación es la disposición a moverse sin esperar garantías: cuando otros dudan, usted ya está probando algo distinto y confiando en su propio criterio.
La misma comodidad con lo incierto y con quedarse la mejor parte puede significar también que queda menos certeza guardada para quien comparte el mismo resultado con usted.
Lo que todavía no dice esta combinación es cuánto de esa apuesta viene de confiar en el propio criterio y cuánto de simplemente no soportar quedarse quieto.
El explorador con red. Tiende hacia probar lo nuevo y decidir por su cuenta cuando algo cambia, hacia el resultado que le favorece cuando los intereses chocan, y hacia la opción garantizada y predecible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo nunca probado, decidido por cuenta propia — pero en el momento en que algo queda realmente en juego, se impone la opción garantizada sobre la apuesta abierta.
Como con toda esta familia de resultados, lo normal es una posición mezclada, cercana a más de una tendencia a la vez, y no un extremo puro. Puede notarse en probar un lugar nuevo sin pensarlo mucho, pero pedir la opción segura cuando de verdad hay algo que perder.
La fuerza de esta combinación es abrirse a lo nuevo sin quedar a merced del azar: prueba caminos distintos y, al mismo tiempo, cuida que la apuesta final no dependa solo de la suerte.
Esa misma preferencia por lo seguro, sumada al resultado que le favorece a usted, puede significar también dejar pasar una ganancia mayor que una opción más incierta sí habría ofrecido.
Queda abierto cuánto de esa cautela final es cálculo y cuánto es simplemente el freno que aparece justo cuando algo empieza a importar de verdad.
El aliado que apuesta fuerte. Tiende hacia probar lo nuevo y decidir por su cuenta cuando algo cambia, hacia el resultado que favorece —o comparte con— otros cuando los intereses chocan, y hacia la opción incierta con mayor recompensa posible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo nunca probado, decidido por cuenta propia, y cuando los intereses chocan se inclina hacia el resultado que favorece —o reparte con— la otra persona. Cuando nada está garantizado, va por la opción con más en juego.
Como en toda esta familia de resultados, la posición real casi siempre queda mezclada entre más de una tendencia, y eso es lo esperable. En la práctica puede verse en compartir crédito sin pensarlo dos veces y, al mismo tiempo, animarse a una apuesta grande que también arrastra a alguien más.
La fuerza aquí es que la disposición a compartir no le frena a la hora de arriesgar: reparte lo que gana y aun así se anima a apostar fuerte cuando toca.
Esa misma comodidad con lo incierto, puesta al servicio de otra persona, puede significar también menos certeza guardada para usted en concreto cuando el resultado no sale como se esperaba.
Falta por verse si esa apuesta compartida nace de confiar en el resultado o de no querer cargar solo con la decisión — algo que solo el propio historial de elecciones termina de aclarar.
El curioso de paso firme. Tiende hacia probar lo nuevo y decidir por su cuenta cuando algo cambia, hacia el resultado que favorece —o comparte con— otros cuando los intereses chocan, y hacia la opción garantizada y predecible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo nunca probado, decidido por cuenta propia, y el resultado que favorece —o reparte con— otra persona pesa más cuando los intereses chocan. Pero cuando algo queda en juego de verdad, se impone la opción garantizada.
Como en el resto de esta familia de resultados, lo habitual es una posición mezclada entre más de una tendencia, no un extremo cerrado. Se nota en decisiones como sumarse a algo nuevo sin dudar y ceder terreno a otra persona, pero pedir la opción segura cuando hay algo real por perder.
La fuerza está en combinar apertura y consideración por otros sin volverse imprudente: prueba, comparte, y aun así cuida que el resultado final no dependa solo de la suerte.
Esa misma preferencia por lo seguro puede significar también dejar pasar una ganancia mayor que una apuesta más incierta habría podido traer, tanto para usted como para quien comparte el resultado.
Queda por verse si esa cautela final nace de pensar también en la otra persona o si aparece de todas formas, incluso cuando solo está en juego lo suyo.
El guardián que sí apuesta. Tiende hacia lo familiar y ya establecido cuando algo cambia, hacia el resultado que le favorece cuando los intereses chocan, y hacia la opción incierta con mayor recompensa posible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo familiar y ya probado, y el resultado que le favorece a usted pesa más cuando los intereses chocan. Pero en el momento en que nada está garantizado, se anima a la apuesta con más en juego.
Como en el resto de esta familia, la posición real suele quedar mezclada entre más de una tendencia. Puede notarse en sostener la misma rutina de siempre y, al mismo tiempo, animarse a una apuesta grande justo cuando el resultado es incierto.
La fuerza de esta combinación es la estabilidad con un margen real de audacia: mantiene lo que ya funciona en casi todo, pero no se paraliza cuando aparece una apuesta que vale la pena correr.
Ese mismo resultado que le favorece a usted puede significar también menos certeza guardada para quien comparte la misma jugada.
Falta por verse qué distingue, en el momento, la apuesta que vale la pena de la que no — esa línea solo la traza la propia experiencia.
El guardián de lo seguro. Tiende hacia lo familiar y ya establecido cuando algo cambia, hacia el resultado que le favorece cuando los intereses chocan, y hacia la opción garantizada y predecible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo familiar y ya probado, el resultado que le favorece a usted cuando los intereses chocan, y la opción garantizada cuando nada está asegurado: de las ocho combinaciones posibles, esta es la que mantiene las tres tendencias apuntando en la misma dirección.
Aun con las tres apuntando igual, la posición real casi siempre queda a medio camino en alguna de ellas — eso sigue siendo lo normal, no una excepción a esta combinación en particular. Puede notarse en sostener la misma rutina, quedarse con lo que le corresponde y preferir la opción segura una y otra vez.
La fuerza aquí es la previsibilidad: lo que decide hoy suele parecerse mucho a lo que decidirá mañana, y eso vuelve más fácil planear alrededor suyo.
Esa misma consistencia puede significar también menos apuestas por una ganancia mayor, y menos margen cedido a quien comparte el resultado con usted.
Lo que no queda claro es si esa constancia viene de preferirla de verdad o de no haber puesto a prueba las otras opciones — algo que solo se sabe si alguna vez se elige distinto.
El compañero que sí apuesta. Tiende hacia lo familiar y ya establecido cuando algo cambia, hacia el resultado que favorece —o comparte con— otros cuando los intereses chocan, y hacia la opción incierta con mayor recompensa posible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo familiar y ya probado, y el resultado que favorece —o reparte con— otra persona pesa más cuando los intereses chocan. Pero cuando nada está garantizado, se anima a la apuesta con más en juego.
Como en el resto de esta familia, lo habitual es una posición mezclada entre más de una tendencia. Se nota en mantener la misma forma de hacer las cosas, ceder terreno cuando los intereses chocan, y aun así animarse a apostar fuerte cuando el resultado es incierto.
La fuerza está en que la costumbre de compartir no le frena frente al riesgo: reparte con otros casi siempre, pero no deja pasar la apuesta que vale la pena correr.
Esa misma disposición a compartir, sumada a la apuesta, puede significar también menos certeza guardada para usted en concreto cuando las cosas no salen como esperaba.
Falta por verse si esa apuesta puntual nace de confiar en el resultado compartido o de simplemente no poder resistirse cuando aparece — el propio historial es el único que lo termina de mostrar.
El compañero de lo seguro. Tiende hacia lo familiar y ya establecido cuando algo cambia, hacia el resultado que favorece —o comparte con— otros cuando los intereses chocan, y hacia la opción garantizada y predecible cuando el resultado no está asegurado.
En usted gana casi siempre lo familiar y ya probado, el resultado que favorece —o reparte con— otra persona cuando los intereses chocan, y la opción garantizada cuando nada está asegurado: la dirección opuesta a "El guardián de lo seguro", con las tres tendencias apuntando igual de firmes hacia el otro lado.
Aun con las tres alineadas, la posición real casi siempre queda a medio camino en alguna de ellas, y eso sigue siendo lo esperable. Puede notarse en sostener la misma rutina, ceder terreno cuando los intereses chocan, y preferir la opción segura una y otra vez.
La fuerza aquí es la previsibilidad puesta también al servicio de otros: lo que decide hoy suele parecerse a lo que decidirá mañana, y quien comparte el resultado con usted puede contar con eso.
Esa misma consistencia puede significar también menos apuestas por una ganancia mayor, y menos terreno reclamado para usted en concreto, incluso cuando reclamarlo no le habría costado nada a nadie más.
Lo que no queda claro es si ceder terreno una y otra vez nace de preferirlo de verdad o de no haberse visto nunca en la situación de tener que no hacerlo.
Sus resultados no son casualidad
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¿Qué es un test de esto o lo otro y cómo se juega?
La base es siempre la misma: se presentan dos opciones y hay que quedarse con una, sin poder decir que ninguna de las dos le convence o que las dos le sirven por igual. Normalmente ese formato se usa para conversar en grupo, pregunta por pregunta. Aquí, en cambio, cada elección suma a una de tres tendencias, y al final el conjunto de sus respuestas se convierte en un resultado propio entre ocho posibles.
¿Un test así dice algo real sobre mi forma de ser?
Da una tendencia, construida a partir de elecciones forzadas entre dos opciones, en tres aspectos independientes: cuánta apertura hay hacia el cambio, a quién favorece cuando los intereses no coinciden, y cuánto riesgo asume cuando el resultado no está garantizado. Ese tipo de medición tiene respaldo en estudios sobre cómo se decide entre pares de opciones, pero sigue siendo una inclinación aproximada a partir de pocas preguntas, no un veredicto cerrado ni definitivo sobre usted.
¿Es lo mismo "esto o lo otro" que "qué prefieres"?
Sí: son dos nombres distintos para el mismo formato de juego, el de elegir entre dos opciones sin término medio. Aquí se tratan como una sola idea, más allá de cuál de las dos frases haya usado para encontrar este test.
¿Este tipo de preguntas puede llegar a ser incómodo o subido de tono?
En otros sitios, sí: bajo el mismo nombre circulan versiones con contenido sexual o directamente desagradable, pensadas para generar reacción. Este test no incluye nada de eso: todas las preguntas giran en torno a decisiones cotidianas sobre cambio, intereses y riesgo.
Metodología
El punto de partida es un enfoque de medición muy simple: en vez de pedir que alguien puntúe su propia forma de ser en una escala, se le pone a elegir entre dos opciones concretas, una y otra vez, y se observa hacia dónde se inclina el conjunto de sus elecciones. Aquí ese mismo principio se aplica tres veces por separado, para tres aspectos que no dependen uno del otro: la apertura a lo nuevo frente a la costumbre, a quién favorece una decisión cuando los intereses no coinciden, y cuánta aversión al riesgo entra en juego cuando el resultado no está garantizado.
Las dieciocho preguntas se reparten en partes iguales entre esos tres aspectos, y cada una obliga a escoger una de dos opciones, sin una tercera vía neutral. La combinación final no es un solo número ni una etiqueta cerrada, sino la posición que ocupa en cada uno de los tres aspectos a la vez — algo cercano a lo que la teoría de los valores humanos básicos describe como dimensiones independientes entre sí, y no como un único eje.
Por su propio diseño, este test no tiene opción intermedia ni casilla para "depende": cada pregunta fuerza una elección real. Es un autorreporte corto, pensado para dar una tendencia aproximada y no un juicio cerrado sobre usted; ninguna de las dos opciones de una pregunta vale más que la otra en sentido moral, así que ninguna combinación de resultado es mejor que otra.
Fuentes
- Thurstone, L. L. (1927). A Law of Comparative Judgment. Psychological Review, 34(4), 273–286.
- Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk. Econometrica, 47(2), 263–291.
- Murphy, R. O., Ackermann, K. A., & Handgraaf, M. J. J. (2011). Measuring Social Value Orientation. Judgment and Decision Making, 6(8), 771–781.
- Schwartz, S. H. (2012). An Overview of the Schwartz Theory of Basic Values. Online Readings in Psychology and Culture, 2(1), Article 11. doi:10.9707/2307-0919.1116.