Test de la brújula política
Este test es un desarrollo propio y no tiene relación con politicalcompass.org ni reproduce su cuestionario. Responda las 24 situaciones eligiendo la opción que más se acerque a su manera de pensar -no hay respuestas correctas- y en unos 5 minutos sabrá en qué posición se ubica en dos ejes independientes, economía y autoridad, y cuál de las cuatro combinaciones posibles describe mejor su perspectiva.
El jardín compartido. En la economía, usted se inclina a que la comunidad corrija activamente las diferencias económicas; en la autoridad sobre la vida personal, a que cada persona decida por su cuenta.
Sus respuestas se inclinan hacia que la comunidad tome un papel activo corrigiendo las diferencias económicas, y hacia dejar las decisiones personales enteramente en manos de cada persona. Quedar cerca del punto medio en uno de los dos ejes, o en ambos, es aquí el resultado más habitual, no una señal de indecisión.
En la práctica, eso pesa en dos direcciones a la vez. Ve con buenos ojos que se organicen recursos compartidos y se regule la actividad económica. En la vida privada, en cambio, prefiere que cada quien decida cómo vivir, sin normas impuestas desde fuera.
Esa combinación tiende a sostener grupos donde nadie queda completamente desatendido, con formas de vida distintas conviviendo sin demasiada fricción entre ellas.
La misma disposición a intervenir en la economía también puede significar una gestión colectiva que llega más lejos de lo que a algunos les gustaría. Y la misma comodidad con normas personales flexibles puede dejar menos terreno común cuando las decisiones de unos chocan con las de otros.
Queda por ver cómo se sostienen juntas esas dos cosas -una economía compartida y una vida privada libre- cuando ambas tienen que negociarse a la vez, en una situación concreta.
La mesa larga. En la economía, usted se inclina a que la comunidad corrija activamente las diferencias económicas; en la autoridad sobre la vida personal, a que la comunidad fije normas compartidas de conducta.
Sus respuestas se inclinan hacia que la comunidad tome un papel activo corrigiendo las diferencias económicas, y hacia que sea la comunidad o el Estado quien fije y haga cumplir normas compartidas de conducta. Como en cualquier combinación de este test, quedar cerca del punto medio en uno de los dos ejes -o en los dos- es aquí lo más frecuente, no una versión diluida.
Esto suele significar apoyo a organizar recursos compartidos y a regular la actividad económica, junto con la idea de que la vida personal y moral también debería regirse por un criterio común, sostenido antes que dejado a cada quien.
La misma mano activa que corrige las diferencias económicas puede sostener también un grupo cohesionado. Con reglas claras que todos conocen, queda un terreno común en el que apoyarse.
Esa misma mano, extendida hacia la conducta personal, también puede significar menos margen para quien no encaja del todo en el criterio acordado, el precio habitual de sostener un estándar común.
Falta por ver cómo se equilibran, en un caso concreto, la exigencia de corregir la economía y la exigencia de sostener una norma compartida. Las dos piden lo mismo, y no siempre a la vez.
El bazar abierto. En la economía, usted se inclina a que el mercado se sostenga por sí mismo; en la autoridad sobre la vida personal, a que cada persona decida por su cuenta.
Sus respuestas se inclinan hacia dejar que los resultados del mercado se sostengan por sí mismos, con poca intervención, y hacia dejar las decisiones personales enteramente en manos de cada persona. También aquí, un resultado cercano al punto medio en uno o en los dos ejes es lo esperable, no una respuesta incompleta.
Esto suele traducirse en preferir la provisión privada y apostar por una regulación económica mínima. En la conducta personal ocurre lo mismo: comodidad con normas flexibles y con el desacuerdo abierto.
Esa combinación deja espacio tanto para que la iniciativa privada se mueva sin trabas como para que cada quien viva a su manera, sin que un criterio ajeno se lo impida.
La misma distancia frente a la economía también puede significar menos corrección activa cuando los resultados se reparten de forma desigual. Y la misma libertad concedida a la conducta personal tiene su propio reverso. Sin un criterio compartido, cuesta más ponerse de acuerdo cuando dos formas de vivir muy distintas comparten el mismo espacio.
Queda por ver qué pasa con esas dos libertades -la económica y la personal- cuando una situación real las pone a prueba juntas, en vez de por separado.
El mercado alineado. En la economía, usted se inclina a que el mercado se sostenga por sí mismo; en la autoridad sobre la vida personal, a que la comunidad fije normas compartidas de conducta.
Sus respuestas se inclinan hacia dejar que los resultados del mercado se sostengan por sí mismos, con poca intervención, y hacia que sea la comunidad o el Estado quien fije y haga cumplir normas compartidas de conducta. Un resultado cercano al punto medio en cualquiera de los dos ejes sigue siendo aquí lo más común.
Esto suele significar preferencia por la provisión privada y una regulación económica mínima. En cuanto a la conducta, sin embargo, confía más en un mismo código sostenido por el grupo que en que cada quien resuelva por su lado cómo comportarse.
La iniciativa privada, aquí, se mueve con soltura. El grupo, mientras tanto, sostiene una base compartida de normas que todos pueden dar por sentada.
Ese mismo margen que se le deja al mercado también puede significar que, cuando las cosas salen mal repartidas, nadie mueva un dedo para enderezarlas. Y esa misma base común de normas le pone las cosas más cuesta arriba a quien vive o piensa de otra manera.
Esta combinación no se pone realmente a prueba hasta que aparece una situación en la que el mercado y la norma compartida tiran cada uno para su lado.
Sus resultados no son casualidad
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¿Qué tan fiable es un test de este tipo?
Lo que este test le devuelve es una tendencia dentro de sus propias respuestas, no una medición exacta de nada: un cuestionario breve y de autoevaluación como este ubica de forma aproximada, no ordena con precisión científica. Dicho esto, la idea de organizar las posturas políticas en estas dos líneas no la inventó este test: viene de investigación con décadas detrás sobre cómo se agrupan realmente las opiniones de la gente.
¿Está este test validado científicamente?
Ningún cuestionario gratuito de autoevaluación en este terreno -tampoco el que más gente conoce- pasa por el tipo de pruebas de fiabilidad y repetición que se le exigen a una escala pensada para diagnóstico o investigación. Lo que sí tiene detrás son los dos ejes en sí: varios estudios académicos, cada uno con su propia forma de medirla, confirman por separado que lo económico y lo relativo a la autoridad se comportan como líneas distintas.
¿En qué se diferencia un test de dos ejes de la típica escala de izquierda a derecha?
La investigación encuentra que la postura económica de una persona y su postura sobre la autoridad se relacionan solo de forma débil entre sí, así que alguien puede inclinarse con fuerza hacia un lado en una y quedar bastante repartido en la otra, sin que eso sea una contradicción. Meterlo todo en una sola escala de izquierda a derecha borra justamente esa combinación: obliga a resumir dos preguntas distintas en un único número.
¿Este test funciona igual en todos los países?
No del todo. Baste un ejemplo: llame «liberal» a alguien en un lugar del mundo y puede estar describiendo una postura de izquierda; llámelo así en otro y acaba de nombrar justo lo contrario. Ese desajuste no es solo cuestión de traducir mejor las palabras. Cuando se puso a prueba si ese eje ordenaba las opiniones económicas igual en distintos países, casi en ninguno lo hizo como se esperaba: en la inmensa mayoría, la gente no se repartía así. Para quien no viva en el puñado de países donde sí funcionó, eso significa que el eje, tal cual, no reflejaría bien sus propias opiniones económicas. Por eso ninguna de las 24 situaciones nombra un partido, una ley o una medida de un país concreto: se queda en el terreno de los valores generales, el mismo en cualquier lugar.
¿«Liberal» es lo mismo que «de izquierda», y «conservador» lo mismo que «de derecha»?
Este test evita apoyarse en esas cuatro palabras porque, cruzando fronteras, cada una apunta a cosas distintas. «Conservador» en un país puede significar defender el papel del Estado tal y como está; en otro puede significar justo lo contrario, empujar hacia menos Estado y más mercado. Por eso cada eje de este test se describe aquí por lo que realmente pregunta -el papel de la comunidad en la economía, la autoridad sobre la vida personal- y no por una etiqueta que cambia de sentido según el mapa.
Metodología
Este test recoge sus respuestas por separado en dos líneas de valores: una sobre el papel que debería tener la comunidad o el Estado en cómo se reparten los resultados económicos, y otra sobre cuánta autoridad debería tener alguien externo sobre las decisiones y las normas de la vida personal. Cada línea se calcula sola, sin mezclarse con la otra, y el cruce entre ambas es lo que arma el resultado final.
Ninguna de las dos líneas funciona como un interruptor de todo o nada: son un continuo, y la mayoría de las respuestas terminan cerca de la mitad de una, de la otra o de las dos. Eso no diluye el resultado ni lo hace menos suyo: es lo que pasa cuando dos preguntas reales se responden con matices, no con un extremo.
Hay una razón de fondo para mantener las dos líneas separadas: hablar de política en un solo eje obliga a usar palabras -izquierda, derecha, liberal- que cambian de significado según el país. Este test evita apoyarse en esas etiquetas y en cualquier referencia a un partido, una persona o una medida concreta, para que las 24 situaciones se entiendan igual sin importar dónde viva quien responde. Por el mismo motivo, ningún resultado ordena las cuatro combinaciones de mejor a peor ni dice nada sobre el carácter de quien contesta: describe solo dónde caen sus respuestas. Puede leer más sobre el espectro político izquierda-derecha clásico y sobre los distintos modelos para representar el espectro político.
Fuentes
- Eysenck, H. J. (1954). The Psychology of Politics. London: Routledge & Kegan Paul.
- Treier, S., & Hillygus, D. S. (2009). The Nature of Political Ideology in the Contemporary Electorate. Public Opinion Quarterly, 73(4), 679–703.
- Feldman, S., & Johnston, C. D. (2014). Understanding the Determinants of Political Ideology: Implications of Structural Complexity. Political Psychology, 35(3), 337–358. doi:10.1111/pops.12055.