¿Soy buena persona?
Responda a las 20 situaciones con la opción que más se acerque a lo que de verdad suele hacer usted; tardará unos 5 minutos y al final obtendrá un resultado sobre cómo se muestran estos gestos en su día a día.
El gesto en pausa. En usted, la decencia en sus actos aparece solo en contadas ocasiones.
En las situaciones concretas de este test -un compañero desbordado, un desconocido que necesitaba una mano, una promesa que nadie vigilaba- esos gestos casi siempre se quedaron sin dar. Incluso cuando ayudar no costaba nada.
Corregir un error a su favor sin que nadie lo notara. Decir una verdad incómoda que nadie habría descubierto. En los momentos que planteó este test, la balanza se inclinó hacia dejarlo pasar.
Esto no es un juicio sobre su valor como persona. La mayoría ya cree, sin ninguna prueba, que actúa mejor que el promedio, así que un resultado tan bajo es poco frecuente y describe situaciones concretas, no una sentencia sobre quién es usted.
Si este resultado le inquieta, o le trajo hasta aquí esa misma inquietud, tenga presente que no entra en la cuenta de este test. Lo más parecido que hay en la investigación va, si acaso, en sentido contrario, y asocia anticipar la incomodidad de actuar mal con algo más -no menos- de comportamiento ético.
Queda por ver cómo se comporta en las situaciones que este test no llegó a preguntar.
Ayuda a la carta. En usted, la decencia en sus actos aparece sobre todo en lo fácil, y todavía no se sostiene cuando algo pide de verdad.
Ayudar, mantenerse fiel a sus valores o actuar con honestidad aparecen con más facilidad cuando no piden nada a cambio: un favor rápido, una palabra amable. Ahí es fácil. La cosa se tuerce donde empieza el precio real.
Cuando de verdad hay algo en juego -tiempo que no sobra, dinero que se echará en falta, quedar como la nota discordante delante de otros-, el mismo gesto que antes salía solo aquí se frena.
Eso no significa que la disposición no exista. Existe, y ya funciona en un buen número de las situaciones que este test le planteó. Lo que todavía no ha pasado la prueba es sostenerla cuando cuesta de verdad, o cuando nadie está mirando para comprobarlo.
Si este resultado le inquieta, o si esa inquietud fue justo lo que le trajo hasta aquí, tenga presente que esa preocupación no entra en lo que mide este test. La investigación más cercana al tema apunta, si acaso, en sentido contrario, y asocia anticipar la incomodidad de fallar con algo más -no menos- de comportamiento ético.
Queda por ver qué pasa la próxima vez que uno de estos gestos le salga más caro de lo habitual.
Marea variable. En usted, la decencia en sus actos aparece de forma desigual, presente en unas situaciones y ausente en otras.
En las situaciones que planteó este test, no hay un patrón único. En algunas, ayudar o actuar con honestidad le sale con naturalidad; en otras, muy parecidas en apariencia, el mismo gesto no llega a salir. No es indecisión. Es una mezcla real.
Devolver un cambio de más cuando nadie lo notaría puede ser casi automático para usted, y al mismo tiempo dejar pasar una ocasión de ayudar a un desconocido en la calle. Los cuatro terrenos que mide este test no siempre van de la mano.
Lo genuino de este resultado es que no depende de una regla fija. Depende de qué situación tenga delante en cada momento, y ahí está tanto lo interesante como lo impredecible.
Queda la otra cara. Desde fuera, este patrón puede resultar difícil de anticipar. Ni siquiera usted sabría con certeza qué terreno se va a imponer la próxima vez que la vida le ponga a prueba de una manera parecida a las de aquí.
Qué situación concreta decide el resultado en cada caso es la pregunta que este test deja abierta.
Manos a la obra. En usted, la decencia en sus actos aparece con frecuencia, incluso en lo que cuesta algo.
En las situaciones que planteó este test, ayudar, actuar por conciencia y mantener la honestidad aparecen con frecuencia. Incluso cuando de por medio hay un precio real: tiempo, dinero, quedar como la nota discordante delante de otros.
Corregir un error de dinero a su favor. Mantenerse firme en una postura aunque el grupo entero empuje en la dirección contraria. Este tipo de gesto, de los que cuestan algo, ya forma parte de cómo actúa en bastantes de las situaciones que le planteó el test.
La fuerza de este resultado está precisamente ahí. Aguanta bajo presión real, no solo cuando todo sale gratis.
Lo que todavía no es, según lo que este test alcanza a ver, es la versión más exigente de todas: la que se pone en marcha sin que nadie la pida, se sostiene bajo presión sostenida, y no espera absolutamente nada a cambio. Ese último tramo -el que separa lo frecuente de lo constante- es justo el que queda por delante.
Qué pasaría si el precio subiera un poco más es la pregunta que este resultado deja sin responder del todo.
Brújula sin testigos. En usted, la decencia en sus actos aparece de forma constante, incluso cuando cuesta o nadie mira.
En las situaciones que planteó este test, ayudar, actuar por conciencia y mantener la honestidad se sostienen incluso bajo presión real o sin que nadie esté mirando. Es probable que la gente que de verdad le conoce nombre justo esto -no un rasgo abstracto- cuando piensa en usted.
Devolver una cantidad que nadie habría llegado a rastrear. Mantener una postura incómoda delante de un grupo entero que empuja para que la suelte. Este tipo de gesto no es la excepción en las situaciones que le planteó el test, sino el patrón que se repite.
Dicho esto, este resultado no es un certificado de superioridad moral. La mayoría de las personas ya cree, sin ninguna prueba real, que actúa mejor que el promedio, así que leer este resultado como confirmación de esa creencia sería quedarse justo con lo que este test no puede darle.
Lo que sí describe con solidez son las situaciones concretas que aquí se preguntaron -no todas las que la vida podría llegar a plantear.
Queda por ver qué ocurre el día en que el precio de mantenerse firme suba más de lo que este test llegó a preguntar.
Sus resultados no son casualidad
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Haga el test gratisPreguntas frecuentes
¿Cómo se sabe si alguien es buena persona?
No se resume en un solo rasgo ni en un momento puntual. Este test mira la conducta en varios frentes distintos -ayudar a otros, hasta qué punto la decencia forma parte de la propia identidad, el coraje de actuar bien cuando cuesta algo, y la honestidad cuando nadie está mirando- y el resultado combina los cuatro, no uno solo.
¿Cómo saber si soy realmente buena persona, y no solo lo pienso?
La mayoría de la gente ya cree, sin ninguna prueba real, que se comporta mejor que el promedio. Por eso un test basado en hechos concretos -lo que se hace, no lo que se cree sobre uno mismo- aporta algo que esa creencia, por sí sola, no puede darle.
¿Que me preocupe ser mala persona dice algo malo de mí?
No hay ningún estudio que conecte directamente el hecho de preocuparse por esto con cómo se comporta alguien en la vida real; ese vínculo, tal cual, no existe en la investigación. Lo más parecido que sí aparece va, si acaso, en sentido contrario: anticipar la incomodidad de actuar mal suele acompañar un poco más -no menos- de comportamiento ético. Es la pista más cercana que hay, no una prueba de nada.
¿Se puede ser buena persona y aun así hacer cosas mal hechas alguna vez?
Sí. Este test mide patrones de conducta en varias situaciones distintas, no un incidente aislado, así que un solo desliz no decide el resultado.
¿Esto puede cambiar, o queda fijo para siempre?
El resultado describe la conducta en las situaciones concretas que planteó el test en el momento de hacerlo, no una identidad fija. Nada en el formato del test dice que esto no pueda cambiar.
Metodología
Este test se apoya en la psicología de la personalidad y en la investigación sobre comportamiento ético, no en un instrumento con nombre propio. Reúne cuatro terrenos que la literatura trata por separado: ayudar y cuidar de otras personas -lo que se conoce como conducta prosocial-, cuánto pesa la decencia en la propia identidad, la disposición a actuar según la conciencia cuando eso tiene un coste, y mantener la honestidad cuando nadie lo comprobaría.
Mide el grado en que estos cuatro patrones aparecen en la conducta, en las situaciones concretas que se preguntaron. No mide lo que alguien siente por los demás -la calidez, la empatía-, que es un terreno distinto y ya se mide por su cuenta en otro sitio.
Tampoco entra en la cuenta la preocupación o la culpa por ser buena persona, algo que este test deja fuera a propósito. El hallazgo más cercano que existe en la investigación conecta esa clase de preocupación anticipada con algo más -nunca menos- de comportamiento ético, aunque el efecto es modesto: se trata de la pista más próxima disponible, no de una prueba de nada.
Como todo autoinforme, tiene límites: el resultado describe patrones en las situaciones concretas que se preguntaron en el momento de hacer el test, no una identidad fija ni un veredicto sobre el valor moral de quien responde. Para saber más sobre lo que hay detrás de estos gestos cotidianos, esta guía sobre los pequeños actos de bondad ofrece una mirada complementaria.
Fuentes
- Caprara, G. V., Steca, P., Zelli, A., & Capanna, C. (2005). A new scale for measuring adults' prosocialness. European Journal of Psychological Assessment, 21(2), 77–89. doi:10.1027/1015-5759.21.2.77
- Aquino, K., & Reed, A. II. (2002). The self-importance of moral identity. Journal of Personality and Social Psychology, 83(6), 1423–1440. doi:10.1037/0022-3514.83.6.1423
- Sekerka, L. E., & Bagozzi, R. P. (2007). Moral courage in the workplace: moving to and from the desire and decision to act. Business Ethics: A European Review, 16(2), 132–149. doi:10.1111/j.1467-8608.2007.00484.x