Test de trastorno de pánico
Responda las 15 preguntas siguientes pensando en cómo ha estado en las últimas semanas; toma unos 4 minutos. Al final va a ver un resultado que describe el nivel actual de este patrón en su vida.
Este test tiene únicamente fines informativos y no sustituye un diagnóstico profesional. Consulte a un profesional cualificado para obtener asesoramiento médico o psicológico.
Aguas tranquilas. Casi sin señales de ataques de pánico.
Sus respuestas no muestran, por ahora, el patrón de ataques de pánico que este test rastrea: nada de oleadas repetidas, interpretaciones catastróficas de una sensación, preocupación de fondo entre episodios ni lugares que evitar. El día a día no carga ese peso extra.
Puede que alguna vez, en algún momento de la vida, haya sentido una ola intensa de miedo sin explicación clara — eso le pasa a mucha gente alguna vez, y por sí solo no dice demasiado. Lo que este resultado describe es que, ahora mismo, ese patrón no está activo.
La fuerza de este resultado es simple: nada le pide, hoy, revisar el pulso antes de subir una escalera o elegir un asiento cerca de la puerta «por si acaso». Esa libertad para moverse sin calcular rutas de escape es un buen punto de partida.
Queda una pregunta que un test de una sola sesión no puede cerrar: si algo así ocurrió antes en su vida, este resultado no dice nada al respecto — ni lo confirma ni lo descarta.
Chispazos aislados. Señales ocasionales de ataques de pánico.
En un puñado de situaciones concretas, el patrón que mide este test asoma: una ola de miedo que llega de golpe, una sensación que por un momento se lee como algo grave, o un lugar puntual que pide un empujón extra antes de entrar. Fuera de ese puñado, el día transcurre sin ese peso.
La mayor parte de su vida no carga con esto — eso es una fuerza real, no un detalle menor. Las situaciones que sí lo activan quedan bastante identificadas: usted probablemente ya sabe cuáles son.
El costo, sin embargo, es más silencioso de lo que parece desde afuera: esas situaciones puntuales piden más chequeo, más rodeo o más preparación mental de la que alguien que lo mira de lejos notaría.
Lo que una sola sesión de test no puede decir es si esto es un tramo pasajero de la vida o algo más asentado — eso solo se ve con el tiempo, no con una respuesta.
Marea inestable. Señales presentes, pero desiguales.
En algunas situaciones se hace notar con fuerza —el pulso que se dispara, el lugar que de pronto pide un rodeo—; en otras, comparables en apariencia, no pasa nada de esto. No es un cuadro difuso: es un cuadro mixto, y las respuestas lo muestran así.
Esa inconsistencia tiene su propia lógica: probablemente hay dos o tres puntos concretos —cierto tipo de esfuerzo físico, cierta espera entre episodios, cierta necesidad de tener una salida cerca— donde el patrón pesa de verdad, mientras el resto de la vida queda relativamente libre.
Esto merece decirse sin suavizarlo: en las situaciones donde el patrón sí se activa, la experiencia es tan real e incómoda como en cualquier nivel más alto de este test. Que sea inconsistente no la vuelve menor.
Un resultado a mitad de camino no es una no-respuesta: es información concreta sobre en qué terreno específico vale la pena prestar atención primero.
Oleaje constante. Señales frecuentes de ataques de pánico.
La ola de miedo repentino ya es una visita conocida, y aparece seguido: en la mayoría de las situaciones donde podría mostrarse, una sensación corporal se lee casi por defecto como una señal de alarma, y hay lugares o planes que se reorganizan para esquivar un episodio más.
La evitación —cierto tipo de esfuerzo que se corta antes de tiempo, cierta salida que hay que tener cerca para entrar a un sitio sin esa tensión encima— ya no es un detalle ocasional: empieza a decidir rutas, horarios y hasta con quién ir a determinados lugares.
La vida sigue adelante, y eso también merece nombrarse: los planes se cumplen, las cosas se hacen, aunque con más cálculo del que se ve desde afuera. Ese manejo cotidiano, sostenido con este nivel de esfuerzo, es en sí mismo algo notable.
Con un patrón que aparece así de seguido, hablarlo con un profesional de la salud —un médico de cabecera o un psicólogo— es un paso razonable y ordinario, sin urgencia ni ultimátum: simplemente una conversación más sobre algo que ya viene ocupando bastante espacio.
Tormenta instalada. Señales marcadas de ataques de pánico.
Lugares puntuales y ciertas sensaciones corporales ya se evitan casi como rutina, no como excepción, y la espera de un próximo episodio acompaña buena parte del tiempo entre uno y otro episodio: este patrón está fuertemente instalado en el diseño de los días.
Esto se nota en decisiones concretas —la ruta que se cambia, el esfuerzo físico que se corta antes de sentirlo del todo, la compañía o la salida que hace falta tener cerca para entrar a un sitio sin ese peso encima—. Son ajustes reales, no exageraciones del test.
Sostener todo esto, día tras día, pide un esfuerzo considerable — y ese esfuerzo, aunque invisible desde afuera, es también una forma de fortaleza, no solo el costo que trae.
Un médico de cabecera o un psicólogo pueden ayudar a ponerle palabras a todo esto con más detalle: no como una urgencia ni una alarma, sino como una conversación ordinaria sobre un patrón que ya pesa lo suficiente como para merecer una mirada más de cerca.
Sus resultados no son casualidad
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Haga el test gratisPreguntas frecuentes
¿Este test puede determinar si tengo trastorno de pánico?
No. El trastorno de pánico es un diagnóstico clínico que hace un profesional —un médico de cabecera, un psiquiatra, un psicólogo o un trabajador social clínico— después de evaluar cuándo empezaron los episodios, con qué frecuencia se repiten, cómo afectan su vida diaria y de descartar causas físicas mediante un examen y análisis de laboratorio. Una sola sesión de autoevaluación no puede reemplazar ese proceso. Lo que este test ofrece es una lectura honesta de su patrón actual, no un diagnóstico.
¿Cuál es la diferencia entre un ataque de pánico y el trastorno de pánico?
Un ataque de pánico es un episodio de miedo intenso y repentino que mucha gente experimenta alguna vez, muchas veces de forma aislada y sin que se repita. El trastorno de pánico es un diagnóstico clínico mucho menos frecuente, que requiere ataques recurrentes e inesperados junto con al menos un mes de preocupación persistente por sufrir otro episodio, o un cambio de conducta significativo relacionado con eso, algo que solo un profesional puede establecer con el tiempo.
¿Qué tan preciso es este test?
Es una fotografía honesta de cómo está su patrón actual —frecuencia de los episodios, forma de interpretar las sensaciones corporales, preocupación anticipatoria y evitación— hasta donde una sola sesión de autoevaluación puede llegar. No sustituye el examen físico, los análisis de laboratorio ni el seguimiento en el tiempo que utiliza una evaluación clínica completa.
¿Qué debería hacer con mi resultado?
Tómelo como información personal sobre un patrón actual, no como un veredicto. Si el resultado señala un nivel frecuente o marcado, comentarlo con un profesional de la salud es un paso razonable y habitual, sin que eso implique urgencia ni alarma.
Metodología
Este test se basa en examinar patrones específicos y bien documentados: la frecuencia con la que aparece una ola repentina de miedo intenso, la tendencia a interpretar una sensación corporal como una señal de peligro inmediato, la preocupación anticipatoria entre episodios y dos formas de evitación —de lugares y situaciones, y de sensaciones corporales concretas.
Lo que mide es la frecuencia e intensidad actuales, autoinformadas, de esos patrones concretos. No mide gravedad clínica, no aplica el criterio de duración que utiliza un profesional y no constituye un diagnóstico.
Como toda autoevaluación de una sola sesión, tiene límites claros: no puede descartar una causa física (cardíaca, tiroidea o de otro tipo) de la forma en que sí lo hacen un examen médico y análisis de laboratorio, no puede establecer la persistencia en el tiempo que evalúa un profesional, y no puede distinguir este patrón de otra condición con síntomas parecidos. Para leer más sobre el trastorno de pánico como diagnóstico clínico, puede consultar esta guía del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU.
Este test no es una herramienta de diagnóstico ni sustituye la evaluación de un profesional de la salud. Si el resultado le genera dudas sobre su propio patrón, esta página del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido explica cuándo y dónde buscar ayuda.
Fuentes
- Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461–470. doi:10.1016/0005-7967(86)90011-2
- White, K. S., Brown, T. A., Somers, T. J., & Barlow, D. H. (2006). Avoidance behavior in panic disorder: The moderating influence of perceived control. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 147–157. doi:10.1016/j.brat.2005.07.009
- de Jonge, P., Roest, A. M., Lim, C. C. W., et al. (2016). Cross-national epidemiology of panic disorder and panic attacks in the World Mental Health Surveys. Depression and Anxiety, 33(12), 1155–1177. doi:10.1002/da.22572.