Test de los Cinco Grandes
Cincuenta situaciones corrientes; en cada una, elija la respuesta que más se parezca a lo que suele hacer usted, sin darle muchas vueltas. Son unos quince minutos. Al terminar verá sus cinco escalas con el porcentaje de cada una y un texto sobre el rasgo que le haya salido más alto.
La ventana abierta. Su Apertura es la que más destaca.
Alguien suelta una teoría en la sobremesa y usted se lleva el nombre apuntado a casa. Aparece un método nuevo y le pica probarlo antes de saber si compensa. De ahí sale la escala más alta de su perfil: la curiosidad llega antes que la cautela.
La ventaja se ve donde no hay manual. Mientras otra persona espera a que alguien estrene el camino, usted ya ha entrado a mirar cómo está hecho aquello por dentro, y saca ideas que nadie más tenía a mano.
El precio viene en el mismo paquete. Repetir un método que ya funciona se le hace cuesta arriba, y una idea asentada puede acabar en revisión sin que nadie la haya puesto en duda.
Esta es sólo la escala más marcada hoy. Responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo —lo fácil que se le encienden las reacciones y lo que tardan en bajar, que es variación corriente y no un defecto— se han medido igual y las tiene ahí con su porcentaje: que una destaque no deja a las otras cuatro en cero. Lo que este test no puede decirle es en qué se le va toda esa curiosidad cuando nadie se lo pregunta.
El banco de trabajo. Su Responsabilidad es la que más destaca.
Lo que usted promete, se hace. Esa es la escala que más alto le ha salido, y no es una manera de hablar: es lo que dicen sus cincuenta respuestas.
Las otras cuatro no desaparecen por eso. Apertura, extraversión, amabilidad y neuroticismo —el nombre que la psicología le da a la facilidad con la que asoma una reacción y al tiempo que tarda en calmarse, un rango normal y no un fallo— están medidas con el mismo detalle y tienen su propia barra en esta pantalla.
Se nota en cosas pequeñas: el archivo que se llama igual desde hace años, el último tramo aburrido que se termina un viernes a las ocho porque tenía fecha. Nadie estaba mirando y daba igual.
La cuenta la paga la flexibilidad. Cuesta soltar algo que debería esperar, y un plan ya elegido puede tapar una buena razón para cambiar de ruta a mitad de camino.
Queda una pregunta fuera de estas barras: cuánto de todo eso lo sostiene el gusto por hacer las cosas bien y cuánto el temor a que se caiga algo. Y esto tampoco está grabado en piedra: los rasgos se asientan con los años, nunca del todo.
La mesa larga. Su Extraversión es la que más destaca.
Usted enciende la habitación sin proponérselo. La extraversión es la escala que más se le ha marcado: la gente y el movimiento le devuelven energía en lugar de gastársela, y eso arrastra a un grupo entero sin que nadie sepa muy bien cómo.
Aparece en la primera media hora de una fiesta donde no conocía a nadie, y en ese domingo que se le llenó de arriba abajo mientras otra persona lo dejaba en blanco a propósito.
Las otras cuatro escalas siguen ahí, medidas con las mismas cincuenta respuestas: apertura, responsabilidad, amabilidad y neuroticismo, que es como se llama en psicología lo rápido que se encienden las reacciones y lo que tardan en apagarse, variación corriente entre personas y nada que corregir. Que una barra suba más no vacía las demás.
El coste está en el silencio que no se reserva: la recuperación a solas que sí le hace falta se queda sin hueco, y hablar el primero a veces cierra una decisión antes de tiempo. Falta por saber qué pasa con usted en la única sala donde no hay nadie a quien preguntar.
El sitio en el sofá. Su Amabilidad es la que más destaca.
Alguien le falla y usted piensa que a cualquiera se le pasa una. El grupo elige otra cosa y usted se suma sin dejar el tema abierto. De ahí sale su escala más alta.
La amabilidad, aquí, no es blandura: es partir de la buena fe y darle peso real a lo que va a sentir la otra persona cuando decida usted.
Y ahí está la factura, antes que la ventaja: una preferencia suya que nunca llegó a decirse, y más de una conversación necesaria que se quedó sin tener por no romper la tarde.
A cambio, trabajar con usted sale barato en fricción. No necesita ganar cada punto para quedarse a gusto, y eso sostiene equipos que con otra gente se habrían roto en la tercera discusión.
Las otras cuatro están medidas igual y las verá con su porcentaje: apertura, responsabilidad, extraversión y neuroticismo —la facilidad con la que se le encienden las reacciones y lo que tardan en asentarse, algo que varía entre personas sin que eso sea una carencia—. Ninguna se apaga porque otra brille. Lo que no cabe aquí es dónde está su límite: el punto en que ceder deja de ser generosidad.
El barómetro de la casa. Su Neuroticismo es el que más destaca.
La escala que más se le ha marcado se llama neuroticismo, el nombre clásico del quinto rasgo de este modelo. En palabras normales: lo fácil que le suben las reacciones —preocupación, enfado, apuro, la sensación de que todo llega a la vez— y lo que tardan en bajar. Es variación humana normal y corriente, no una carencia.
Se ve en que una crítica dura le ocupa más de una tarde, y en que tres problemas el mismo día piden esfuerzo para no hacerse un nudo.
Reaccionar pronto tiene su lado bueno: usted nota que algo va mal cuando todavía se puede arreglar, y le pesa lo que otros pasan de largo.
La cuenta se paga en tiempo de recuperación. El enfado y la preocupación cuestan más de quitar de encima, y sostener el ritmo bajo presión pide algo deliberado.
Apertura, responsabilidad, extraversión y amabilidad se han medido igual y tienen su barra al lado: describen a la misma persona, y que el quinto suba no deja a los otros cuatro en nada. Tampoco es para siempre; esto se asienta con los años sin quedarse quieto. Queda fuera del test cuánto de esa reactividad trae el año que lleva.
Sus resultados no son casualidad
El clásico test de los 16 tipos de personalidad de Jung ha sido renovado a fondo: nueva metodología CoreTypes y una precisión muy superior. Puede que sean los 10 minutos mejor invertidos de su vida: se lleva la clave de sus decisiones, sus relaciones y sus resultados. Para siempre.
Haga el test gratisPreguntas frecuentes
¿Qué es el test OCEAN y qué significan esas siglas?
OCEAN son las iniciales inglesas de las cinco dimensiones del mismo modelo: apertura, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo. Ese quinto nombre, neuroticismo, se refiere a con qué facilidad asoman las reacciones emocionales y cuánto tardan en calmarse; es variación normal entre personas, ni más ni menos. «Big 5» y «test OCEAN» son dos maneras de nombrar el mismo modelo.
¿Cuántas preguntas tiene un test de los cinco grandes?
Varía muchísimo. Hay versiones de cribado rápido con una decena de ítems y versiones largas que pasan del centenar. Esta tiene cincuenta, diez por dimensión: suficientes para que cada escala diga algo y no salga plana, y bastante por debajo de lo que ocupa un cuestionario profesional de pago.
¿Es fiable el test de los cinco grandes?
De los modelos de personalidad, este es el que mejor respaldo empírico tiene: décadas de investigación independiente han encontrado una y otra vez la misma estructura de cinco dimensiones, y la réplica entre culturas y lenguas es amplia, aunque no uniforme en todas partes. Ahora bien, describe patrones estables en cómo se describe uno mismo; no es una explicación cerrada de por qué la gente hace lo que hace.
¿Pueden cambiar los cinco rasgos con el tiempo?
Sí, hasta cierto punto. De la infancia a la vida adulta los rasgos se van volviendo más constantes, pero ninguno queda fijo del todo a ninguna edad. Lo que ve al terminar es su patrón típico de ahora, no una etiqueta permanente.
¿Qué puntuación es buena o mala en los cinco grandes?
Ninguna dimensión tiene un extremo bueno y otro malo: las cinco traen ventajas y costes reales en los dos sentidos. Y un resultado intermedio en cualquiera de ellas es lo más común y lo más esperable, no un resultado nulo ni decepcionante: en cada escala la mayoría de la gente se agrupa más cerca del centro que de los extremos.
Metodología
Este test está construido sobre el modelo de los cinco grandes rasgos, también llamado modelo de los cinco factores. No sale de una intuición: cuando distintos equipos de investigación han analizado, década tras década, cómo se agrupan las palabras con que la gente se describe, han vuelto a aparecer las mismas cinco dimensiones amplias.
Aquí se miden esas cinco, cada una con sus diez preguntas y su propia escala: apertura a la experiencia (imaginación e interés por lo nuevo), responsabilidad (orden y cumplimiento de lo empezado), extraversión (energía y sociabilidad), amabilidad (trato cooperativo y peso que se da a los demás) y neuroticismo (con qué facilidad asoma una reacción y cuánto tarda en calmarse: variación normal entre personas, no una carencia). No hay un tipo ni una nota global: hay un perfil de cinco barras, y el texto que lee corresponde al rasgo que le haya salido más alto.
Las cinco van en paralelo, no en escalera: ninguna vale más que otra, y casi todo el mundo tiene un nivel apreciable en más de una. En cualquiera de ellas la mayoría de las personas cae más cerca del centro que de los extremos, así que un resultado intermedio es lo esperable y no un fallo. Lo que se describe son tendencias, no causas. Con los años los rasgos se vuelven más constantes, aunque nunca quedan fijos del todo: lo que ve es su patrón de ahora.
Ese quinto nombre viene de la tradición académica y suena más fuerte de lo que mide: aquí describe una manera corriente de reaccionar y de calmarse, nada más. Este test no es un instrumento de detección ni pretende serlo.
Para las definiciones de referencia: qué son los cinco grandes rasgos y en qué se distingue el modelo de los cinco factores. Son dos nombres emparentados que no dicen lo mismo: el primero describe un mapa de rasgos y el segundo añade una afirmación más fuerte sobre lo que hay detrás de ellos.
Fuentes
- Goldberg, L. R. (1990). An alternative "description of personality": The Big-Five factor structure. Journal of Personality and Social Psychology, 59(6), 1216–1229.
- Costa, P. T., Jr., & McCrae, R. R. (1992). Revised NEO Personality Inventory (NEO-PI-R) and NEO Five-Factor Inventory (NEO-FFI) Professional Manual. Psychological Assessment Resources.
- McCrae, R. R., & Costa, P. T., Jr. (1997). Personality trait structure as a human universal. American Psychologist, 52(5), 509–516. doi:10.1037/0003-066X.52.5.509